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Empaques, sustentabilidad y liderazgo con Adriana Wolff

Vea aquí la entrevista completa con Adriana Wolff, una conversación honesta sobre su camino en el mundo del empaque y la sustentabilidad. Desde su experiencia técnica en CPGs hasta su liderazgo global, comparte aprendizajes, retos y lecciones personales que inspiran a mujeres profesionales a liderar con propósito en la industria latinoamericana.

Adriana Wolff, experta global en sustentabilidad de empaques con más de 30 años de experiencia, explica cómo diseñar estrategias de empaque circular que funcionan a nivel local mientras se alinean con objetivos globales, mediante siete elementos clave: propósito claro, diagnóstico honesto, principios de diseño, gobernanza, métricas, alianzas y gestión del cambio.

  • 7 elementos esenciales para estrategias de empaque sustentable: propósito alineado al negocio, diagnóstico de portafolio, principios de diseño, gobernanza clara, métricas vivas, aliados estratégicos y gestión del cambio
  • La brecha más urgente no es diseño sino infraestructura: recolección, procesamiento y mercados de materiales reciclados deben desarrollarse para cerrar el ciclo
  • Regulaciones uniformes en responsabilidad extendida del productor desde Argentina hasta México son clave para competitividad regional
  • El concepto de basuróloga profesional resume la responsabilidad de diseñar empaques que no terminen en basura sino que circulen en sistemas económicos reales
  • Latinoamérica puede liderar modelos de refill y reutilización en 10-15 años con inversión en datos, infraestructura e integración de recicladores informales

TRANSCRIPCIÓN

Lilián Robayo: Es un privilegio contar hoy con Adriana Wolff, verdaderamente un referente, una experta muy importante en sustentabilidad global de empaques y una gran amiga también. Adriana, bienvenida a Liderazgo Femenino por Fuera de la Caja de Mundo EXPO PACK. Un honor tenerte para una conversación súper especial.

Adriana Wolff: No, el honor es mío, Lilián. Muchas gracias. Tú sabes cómo disfruto esto y la verdad me da mucha alegría poder participar aquí y dejarles una reflexión y una experiencia que ha sido mi trayectoria durante todos estos años. Muchas gracias.

Lilián Robayo: Gracias, Adriana. Bueno, Adriana, arranquemos. En un mundo en el que las metas mundiales de sustentabilidad en empaques no parecen unificadas, pero las capacidades, las infraestructuras y las culturas son distintas, ¿cómo armonizar los objetivos de empaque sostenible con esas realidades locales de cada país?

Adriana Wolff: Bueno, tú sabes, mi sueño siempre fue ir creciendo dentro del marco del trabajo que yo tenía. Empecé en Colombia, luego me fui viendo regionalmente y finalmente pude ocupar una posición global. Cuando uno llega a una posición global, entiende claramente que se necesitan referentes únicos para que toda una corporación pueda llegar a ese objetivo. Entonces uno define esas métricas o KPI muy claros, los comparte con el equipo en cada una de las regiones. Pero cada región tiene una cultura, una infraestructura y una capacidad diferente. Entonces, lo que uno hace en Colombia, en Argentina o en Brasil es distinto. Pero cuando uno lo lleva a América Latina y luego se va a Estados Unidos, son dos comportamientos diferentes, son dos estados de regulación distintos. Y si a eso le sumas Europa, África o Asia, pues cada uno tiene una condición diferente. Entonces, ¿qué hay que hacer? Simplemente mantener ese marco común. Esto parece fácil, pero obviamente requiere mucho trabajo y determinación.Entonces uno define ese marco común y luego fija con cada equipo cuál es el camino. ¿Cuál es ese marco común? Bueno, vamos a hacer circularidad y diseño para reciclaje. Ese es un camino. Y eso no es lo único, pero es lo básico. Luego, ¿cuál va a ser esa reducción de impacto que vas a tener como organización? Y hay un tema muy interesante, que es que iniciativas como las de la Fundación Ellen MacArthur o la legislación europea PPWR, o la legislación en general, te dan unas guías y unos marcos claros sobre los cuales trabajar. Entonces, cuando tú tienes esas tres cosas, lo bajas al nivel local. ¿Y qué implica eso? Implica escuchar. Eso pareciera fácil, pero hay que sentarse a hablar con las regiones y entender cuáles son realmente sus sistemas de reciclaje, cómo funciona la economía informal frente a la realidad legislativa y cómo lo puedes articular. ¿Cuál es ese tema cultural que tiene el país? Porque no es lo mismo la cultura china que la cultura africana; son distintas, las disciplinas son diferentes y operan de manera diferente. Y una vez que uno tiene eso, entonces a cada región le haces una hoja de ruta y lo conectas con los KPI. Puede que las velocidades sean distintas entre la región A y la región B. Lo importante es que todas las regiones entiendan que, al mismo tiempo, tenemos que llegar al punto final y establecer qué recursos se necesitan para poder llegar allá. Ahora, ¿cuál es mi rol? Mi rol es un poco como el de un director de orquesta o, mejor dicho, como un puente, porque traduzco la ambición global a una necesidad local y luego lo local lo tengo que llevar a lo global y explicarlo, porque no necesariamente, por ser local, la gente lo va a entender.

Lilián Robayo: Súper importante lo que dices, porque a veces lo global parece uniforme, pero lógicamente no lo es. Adriana, tus más de 30 años de experiencia te permiten ver ciclos completos. Quiero ir justo ahí. Desde que comenzaste a impulsar la sustentabilidad, hace más de 30 años, ¿cómo has visto que ha cambiado todo este tema del conocimiento, la innovación y la práctica real dentro de la industria de los empaques?

Adriana Wolff: Cuando esta hormiguita de la sostenibilidad me picó, yo no sabía explicar muy bien qué era. Hace 30 años no sabíamos muy bien qué era. Hoy, 30 años, quizá un poco más, después, hemos visto muchísimos avances. Los avances los puedes dividir en tres temas importantes: el conocimiento, la innovación y, además, volverlo de la idea a lo práctico, implementarlo. Esas tres cosas son muy importantes. ¿Qué tienes en conocimiento? Cuando empezamos a hablar del tema de sostenibilidad, nos poníamos camisetas verdes para identificarnos. Ese era el tema ambiental y, obviamente, hoy no lo es. Tenemos sistemas mucho más robustos. Tenemos análisis de huella, análisis de ciclo de vida, formas de medir la huella ambiental. Tenemos modelos de responsabilidad extendida al productor de todo tipo, desde el más exigente, como el de California, hasta uno maduro y establecido desde hace muchos años, como el europeo. Tenemos guías de ecodiseño que establecimos entre muchas compañías hace un par de años. Tenemos criterios de reciclabilidad. La palabra recyclable nos ha tocado ir desmembrándola, porque recyclable, reciclaje, reciclar, todo pareciera lo mismo. Tendríamos que inventarnos un poquito más de palabras para que la gente lo entienda mejor. Ahí hemos hecho un trabajo importante, creo que más hacia el tema técnico que hacia el tema de contárselo a la gente. Nos falta un camino para explicar un poco esos términos y qué implican para el consumidor normal. También hablamos de trade-offs. Entonces uno dice: puede que consuma un poco más de agua, pero entonces minimizo acá. Es un tema de compensaciones. Yo creo que en eso hemos avanzado. En innovación, ese sí para mí es uno de los temas más interesantes. Hoy podría decir que, si uno se lo sueña, lo consigue. Depende de cuánta plata tengas, porque sí es un tema de presupuestos. Pero hoy tienes resinas con contenido de material reciclado, tienes sistemas de tintas y de lavado de etiquetas para evitar que se contaminen las aguas y poder removerlas más fácilmente. Tienes todo un camino avanzado de monomateriales, que hace cinco años todavía era como: "¿Qué estás haciendo? ¿Monomateriales?", sobre todo en flexibles. Estamos empezando a volver a la época cuando yo era chiquita, de la reutilización, de reenvasar nuestros empaques. Y seguramente vamos a evolucionar de un sistema lineal de distribución a un sistema de retorno. Ese quizá, para mí, va a ser el modelo de innovación más grande que empezaremos a ver en los próximos cinco a diez años. Es un modelo muy complejo. Y en la práctica, en la vida real, esto dejó de ser algo bonito. Yo me acuerdo cuando a uno le decían: "Vamos a ser amiguitos del medio ambiente". No. Uno no es amigo del medio ambiente; uno es responsable con el medio ambiente. Hoy tenemos presupuestos, tenemos gobernanza, tenemos métricas, tenemos sistemas de reporte responsables y todo eso le ha dado muchísima claridad al proceso, no solamente desde el punto de vista del empaque, sino desde la estructura y la armonización de la sostenibilidad dentro de las empresas, dentro de los gobiernos, dentro de los sistemas de reciclaje y desde la manufactura de empaques. Creo que se ha avanzado muchísimo.

Lilián Robayo: Muchas veces hay que desafiar las creencias. Hay que desafiarlas para abrir camino en sustentabilidad de empaques. ¿Qué paradigmas o creencias arraigadas has tenido que desafiar, tanto dentro de las empresas fabricantes de productos de consumo, los CPG, como en el ecosistema en general?

Adriana Wolff: Bueno, esa pregunta me encanta porque es como volver a mis cuatro años. Entonces empieza uno: "¿Y por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué?". La gente se molesta porque uno sigue preguntando por qué. Y el otro es: "Aquí siempre se ha hecho así, aquí no hay nada que hacer". Cuando a mí me dicen eso, yo siempre pienso que hay algo más que hacer. Esas dos preguntas para mí son claves y siempre me han permitido encontrar una forma diferente de hacer las cosas. Otro paradigma es que lo barato es lo mejor. No siempre. No siempre el empaque más barato va a ser el mejor empaque. Y los que estamos en el tema, independientemente de que estés en sostenibilidad o no, sabemos que si a un empaque más barato le quitas resistencia y tienes un problema de calidad en la cadena completa de distribución o con el producto, vas a tener unas pérdidas mucho más grandes y de mayor impacto ambiental que si hubieras puesto un par de gramos adicionales o una aleta más larga. Esos impactos ambientales por un empaque barato son mucho más altos que ponerle un poquito más de materia prima, más ingeniería o un mejor empaque. El otro es el tema del peso. Claro, la gente de compras dice: "Yo quiero algo más barato". No siempre, porque acuérdense de que el foco importante y el origen de los empaques es proteger el producto. Ese es nuestro propósito. No por eso vamos a dejar de cuidar otras cosas, pero lo primordial en los envases y empaques es cuidar ese bien que tengo adentro. Uno que me encanta, y lo he visto muchísimo, sobre todo en los últimos foros, es: "El consumidor no cambia, solo quiere lo más barato". No, eso está cambiando. Es probable que a la hora de escoger entre el producto A, con ingeniería y consideraciones ambientales, y el producto B, que no las tiene, todavía haya una motivación por comprar el que es más barato. Pero, a la larga, la dinámica del mundo ha ido llevando a tener consumidores más responsables. Otro paradigma muy común es: "Acabemos con el plástico. El plástico es malo". No, no, no. El plástico no es malo. Ningún material de empaque es malo. No hay materiales buenos ni malos. Hay sistemas que no están operando. Te doy ejemplos. Puede que yo pueda recoger materiales de envase plástico donde yo vivo y puede que tú, donde tú estés viviendo, no puedas recoger el plástico. O tú puedas recoger vidrio donde vives y yo no pueda recoger vidrio. Entonces es un tema de infraestructura y no de materiales, y obviamente de desarrollar unos mercados. Ahora, la regulación que nos han establecido también tiene sus propios paradigmas, porque los gobiernos han pensado que, por tener regulaciones mucho más robustas, van a llegar soluciones mucho más rápido o mejores. No es así. Creo que esto hay que mirarlo como una red y trabajar todos mancomunadamente, porque todos tenemos un reto que solucionar. Todos esos paradigmas requieren, para ser resueltos, datos y, además de datos, mucha empatía y mucha valentía. Muchas veces quise tirar la toalla y decir: "Esto es más grande que yo. Ya no doy más". Pero no. Ahí seguí, seguí, seguí y ya son muchos años dando la pelea desde lo que he podido y he querido cambiar.

Lilián Robayo: Fantástico, Adriana. Hablemos de estrategias efectivas. ¿Cómo se diseña algo que realmente funcione? En tu experiencia, ¿cuáles son esos elementos esenciales para diseñar una estrategia de empaque verdaderamente sustentable y circular?

Adriana Wolff: Hagámoslo fácil. Mi número de la suerte, Lilián, es el siete. Ya lo tienen claro. Son siete elementos. El primero: hay que tener un propósito claro y una conexión con el negocio. Uno no puede poner un objetivo sin tener una alineación que le permita al negocio generar valor, ser competitivo y dar cumplimiento. Esos tres elementos tienen que ir de la mano. El segundo: tienes que hacer un diagnóstico honesto de tu portafolio. Tienes que saber qué materiales tienes y, dependiendo del objetivo que pongas, por ejemplo, si tu objetivo es que el 100 % esté diseñado para ser reciclable, saber qué sí y qué no, con unas guías claras, y cuáles son esos riesgos que puedes tener por no cumplir con esa meta. Hay cierto tipo de alimentos a los que no les puedes cambiar la estructura de los materiales. Entonces no porque quieras alcanzar el 100 % vas a sacrificar la calidad del producto. Eso lo tienes que tener en ese diagnóstico y contárselo a la organización. El tercero son los principios y las guías de diseño. Son fundamentales porque te alinean, te ayudan a decir qué sí y qué no, y para cuándo. El cuarto es tener un sistema de gobernanza: quiénes son los dueños, quiénes toman las decisiones y quiénes te ayudan a destrabar un problema que puedas tener. Eso tiene que estar claramente definido. Tienes que tener métricas vivas. Pueden cambiarse, pero debes poder reportarlas anualmente. Tienes que tener un dashboard donde la gente vaya viendo su progreso y quién es responsable. ¿Por qué? Porque cuando tú tienes un cargo global, tú no implementas; implementan las regiones. Entonces las regiones tienen que tener claridad de qué se quiere y cómo lo van a hacer. Luego están los aliados. Empieza por tus competidores. En esto es importante construir un camino común con ellos. Tienes asociaciones, recicladores, convertidores y la academia. Y, por último, un tema de gestión del cambio y comunicación: cómo capacitas, cómo construyes historias, cómo integras estos procesos con desarrollo, compras y marketing. Una estrategia funciona cuando no depende de una persona y se vuelve parte de un sistema. Para mí, esos son los siete elementos.

Lilián Robayo: Adriana, detrás de tanta experiencia siempre hay un logro que nos marca. De todos tus proyectos alrededor del mundo, ¿cuál consideras ese gran logro en desarrollo de empaques y por qué? ¿Y de dónde surge ese orgullo que tienes de llamarte a ti misma "basuróloga profesional"?

Adriana Wolff: Empecemos por el logro. Quizá el más relevante en mi vida, porque cada cosa que he hecho me ha llevado a la siguiente fase. Pero la magia más grande la pude hacer en mi último trabajo, cuando pude construir el sistema completo. El área no existía para nada. Ni siquiera había información. Empezamos desde lo básico: conseguir toda la información. ¿Cuántas toneladas eran? ¿Qué materiales eran? ¿Dónde estaban? ¿Cuál era la complejidad? Eso fue lo primero que hicimos. Luego, cuando teníamos eso, definimos la estrategia completa de sostenibilidad a cinco años: a dónde queríamos llegar y qué implicaba eso. Cuando empezamos a trabajar, nos dimos cuenta de que comunicarlo era muy complejo porque nunca teníamos cifras en tiempo real; siempre eran históricas. Entonces reportábamos sobre la historia y era muy difícil. No nos permitía empezar a prepararnos para el siguiente año.

Adriana Wolff: Entonces, con mucho trabajo, logramos hacer un dashboard en tiempo real. Nos tomó casi dos años consolidar la información de todas las regiones y ponerla en una sola base de datos. Con esa información podíamos reportar a la Ellen MacArthur Foundation, hacer nuestro reporte interno, reportar el avance de las Global Design Rules, y cada región además podía hacer su propio trabajo. Eso fue absolutamente maravilloso. También compartir conocimiento, porque la única experta en toda la organización era yo. Todos los demás eran ingenieros de empaques y sus prioridades eran diferentes a las mías, porque la mía era cumplir con esta estrategia. Para ellos eran los ahorros. ¿Cómo desarrollar esas capacidades internas? Además, no me reportaban directamente a mí, sino a otras áreas. ¿Cómo construir esas alianzas con ellos desde cero y convertir la estrategia de sostenibilidad de empaques en algo importante para ellos también, al igual que para las otras áreas? Y construir un sistema de gobernanza. Uno no puede pensar que lo puede hacer solo; necesita ayuda. ¿Quién era quién? ¿Quién definía qué y cuándo dentro de esa organización? Sin dejar de lado esta maravillosa oportunidad de haber trabajado directamente con la Ellen MacArthur Foundation y con los actores más relevantes hoy en día en el tema de sostenibilidad de empaques a nivel mundial, en el Consumer Goods Forum, donde todas estas compañías mandan a sus mejores pioneros, a sus mejores luchadores por la causa. Es un grupo de personas maravillosas. Yo creo que ese es el logro más grande. Me siento muy contenta de haber podido participar en esos equipos tan grandes. Y, para resumirlo, lo dije un poco en la pregunta anterior: esté o no esté yo, el área se construyó, las bases quedaron establecidas, los mecanismos de reporte también. Entonces el legado es ese: que una organización pueda seguir operando independientemente de que tú ya no estés liderándola. Ese ha sido, para mí, uno de los logros más importantes. Y el de "basuróloga profesional" ha generado todo tipo de reacciones, porque la gente dice: "Después de tantos años, ¿esta mujer dice que es basuróloga profesional? ¿Cómo así?". Ese concepto nace una vez, sentada, pensando en qué había sido mi vida. Con tantos años en ingeniería de empaques, pensando cómo se hace la base de una botella, cuál es la resistencia que tiene que tener la tapa de una gaseosa para que no se bote cuando uno la abra, cuál es la medida exacta de la etiqueta y cómo la imprimimos. Todo ese trabajo de ingeniería que hay detrás, para que luego llegara a la caneca. Yo decía: "No puede ser. O sea, yo soy una basuróloga profesional. Yo diseño envases que se van a la basura". Y eso no podía ser. Entonces ese concepto de basuróloga profesional también va acompañado de cuántos rellenos sanitarios fui a visitar, cuántos sistemas de reciclaje y de recuperación conocí, ver cadenas de personas recogiendo materiales de empaque por el mundo entero y haciendo de eso su sustento diario. Entender que la basura no nace, sino que se hace, me llevó a decir: "Esto tiene que cambiar. Esto no puede seguir así". Fue cuando entendí que mi trabajo no terminaba cuando un envase salía de la planta. Mi trabajo empezaba para evitar que un envase se convirtiera en basura. Por eso, para mí, ser basuróloga profesional lo llevo con tanto orgullo. Es mi identidad personal. Esa es la historia detrás de "basuróloga profesional".

Lilián Robayo: Tremenda identidad personal, Adriana, y tiene todo el sentido. Tú lo has visto a través de los años y lo has descrito; no lo podrías haber explicado mejor. Mencionaste también una fundación muy importante, que da muchas luces y ayuda muchísimo: la Ellen MacArthur Foundation. ¿Cómo pueden las compañías de México y Latinoamérica capitalizar, de una manera más práctica, las herramientas y los marcos que ofrece la Ellen MacArthur Foundation para acelerar esa transición hacia la circularidad?

Adriana Wolff: Mira, cuando yo descubrí la filosofía y la visión de lo que esta fundación ha hecho, me dio claridad en el camino. Probablemente había, y habrá, cosas que no se ajusten perfectamente, pero te da una guía y un camino claro. Cuando hablas con los proveedores y les dices que tú eres signatario del Global Commitment, ellos entienden y saben de qué estás hablando. Entonces ya no se trata de entender hacia dónde vas o qué estás persiguiendo, sino de que esta empresa tiene una idea clara de hacia dónde va, qué va a hacer, cómo lo va a hacer y cuándo necesita tenerlo listo. Tener todo eso alineado te permite, al menos, tres cosas muy importantes. Primero, definiciones claras, porque lo que para ti es reciclable tiene que serlo para mí; lo que para ti es reutilizable tiene que serlo para mí; lo que es compostable tiene que significar lo mismo. Cuando uno empieza estas conversaciones, a veces pregunta: "¿Qué es para ti tal cosa?". Entonces yo digo: "Ok, para mí no es eso". Ajustemos los términos, pero hablemos de lo mismo. Lo otro es tener una metodología: qué sí, qué no, qué elimino, qué cambio, qué ajusto. Y, en últimas, tener un sistema, porque nada de esto funciona si tú no te puedes evaluar y no te puedes comparar. Todo eso te lo permite. Entonces, para la región, yo sí creo que es importante tener un idioma común, un solo lineamiento, hacer alianzas y dejar de reinventarte y de querer ser el único en economía circular, para sumar esfuerzos y que todos lo podamos lograr de la misma manera.

Lilián Robayo: Fascinante, Adriana. Y en esta ruta hacia un empaque verdaderamente circular, ¿qué responsabilidades específicas debería asumir cada uno de los actores de la cadena de valor: los productores de materiales, los fabricantes de envases, las CPG, los consumidores finales y los gobiernos?

Adriana Wolff: Mira, esa pregunta es bien interesante porque hace cinco años, cuando se esbozó el primer intento de alinear esfuerzos a través de la Ellen MacArthur Foundation, todos teníamos el mismo objetivo, conocido por muchos de nosotros: alcanzar el 100 % de empaques diseñados para ser reciclables, reutilizables o compostables. Ese era el objetivo y el anhelo de todos. En la segunda revisión del documento, que se está publicando por estos días, la fundación hizo un ejercicio muy interesante y estableció que cada actor tuviera una responsabilidad. Es como un deporte en equipo: cada uno hace un pedacito, pero al final todos queremos que el equipo gane. En ese orden de ideas, la fundación dice: los productores de materiales son responsables de hacer resinas seguras o materiales seguros. Inclúyanles contenido de material reciclado. Produzcan estos materiales con eficiencia energética y eficiencia ambiental. Midan y háganlo de tal manera que todo este producto realmente genere valor. Luego vienen los convertidores. Con la multitud de alternativas que hay, sobre todo en flexibles, hagan estructuras que realmente faciliten el reciclaje y que generen valor para motivar el mercado de materiales reciclados, porque ese mercado es fundamental para que no se pierda todo este esfuerzo. Luego vienen los recicladores. Si dicen: "Es que yo no tengo las máquinas", entonces preguntémonos qué hacemos para que puedan procesar todos estos materiales y convertirlos nuevamente en materias primas. Generemos esos mercados que tanta falta hacen. Las marcas tenemos que cumplir con las metas, simplificar los portafolios y financiar las responsabilidades extendidas al productor. Los consumidores, lo básico: separar. "Es que lo van a mezclar en el camión de la basura". No te preocupes por el siguiente actor, que también tiene una responsabilidad. Separa en tu casa, en tu negocio, en tu oficina. Los gobiernos: hagamos regulaciones claras, acompáñennos en la elaboración de las infraestructuras y, además, en algunas regiones de nuestro continente, hay que incluir al sector informal, que durante tantos años ha hecho este trabajo. Y, obviamente, la academia. La investigación, la generación de conocimiento y la formación de talento son indispensables. Nuevamente, aquí cada uno pone su parte. La circularidad solo se vuelve viable si todos le apuntamos a lo mismo y cada uno asume la responsabilidad que le corresponde.

Lilián Robayo: Gracias. Y en este panorama global siempre se muestra que donde más aprieta el zapato es el tema de la infraestructura. Desde tu perspectiva, ¿cuál es ese reto más urgente y complejo que enfrenta hoy el desarrollo de empaques sustentables?

Adriana Wolff: Mira, hay una brecha. Sí, el reto más grande es una brecha porque, al final, las compañías hemos hecho un esfuerzo muy grande por tener estructuras y materiales que, si hubiera infraestructura y si hubiera un mercado, se podrían recoger. Entonces ese "si hubiera" es la brecha que hay que cerrar. Tenemos que cerrarla porque no vale la pena haber hecho todos estos esfuerzos para que los materiales sigan siendo basura. Además de tener esas metas ambiciosas, regulaciones agresivas y un componente social, si no logramos que exista la recolección, esa infraestructura y, no solamente la infraestructura, porque podríamos recoger los materiales, pero no tener un mercado, desarrollar ese mercado de materias primas es muy importante. Si no lo desarrollamos, todo esto va a quedar en teoría, porque si no genera valor para alguien, nadie lo va a comprar. Entonces esto no va a completarse; el ciclo no se va a completar. Yo espero que sí. Necesitamos esa infraestructura. Tenemos que seguir trabajando en datos, en coordinación y en la colaboración entre lo privado y lo público. Esa brecha entre lo teórico y la realidad es, para mí, el reto más grande.

Lilián Robayo: Excelente, muchas gracias. Bueno, este tema que quiero preguntarte también genera muchísimo debate. En sistemas de recolección, de reúso y de reciclaje siempre surge esta pregunta incómoda: ¿quién debe asumir el costo adicional del retorno? ¿La industria, el consumidor, el gobierno, todos? ¿Cómo equilibramos esto para que sea justo, económico y sostenible?

Adriana Wolff: Esa pregunta me encanta porque sí, es incómoda. Al final, ¿de quién es la responsabilidad? Y no es una respuesta de blanco o negro; no existe. Es una franja de grises muy grande. Ahora, el costo siempre estuvo ahí. ¿Quién lo ha pagado? El planeta. Pero el costo ha estado ahí. Entonces todos estos sistemas de recolección, de reutilización y de reciclaje, y no solamente para empaques, porque yo creo que el empaque ha sido el vocero de una necesidad que requiere el sistema productivo y el sistema económico de cualquier país. Cualquier cosa necesita entender cómo no convertirse en basura: una silla, un computador, una ventana, un cuadro. Aquí estoy mirando lo que tengo alrededor. Entonces la industria lo financia a través de la responsabilidad extendida al productor y, obviamente, con un buen diseño. El gobierno apoya la infraestructura, debe supervisar y regular. Y el consumidor, como yo te decía, debe entregar los materiales separados y debe haber algún incentivo, por ejemplo, que le cueste menos la disposición de los residuos. Hay que ser transparentes con el tema de los costos. Hoy no hay transparencia. Se paga y no se sabe por qué. Y lo más triste es que hay regiones que pagan y siguen con porcentajes de reciclaje muy bajos. Hay que explicar por qué se paga, qué se logra y cómo se recupera valor. Entonces un sistema eficiente deja de esconder el costo y lo vuelve público y transparente. Eso es lo que está pasando. Y aquí es donde nos hace falta inversión.

Lilián Robayo: Muchísimas gracias, Adriana. Ya llegando al final de esta entrevista, quisiera preguntarte, en esta sección de Liderazgo Femenino por Fuera de la Caja, ¿qué consejo les darías a esas mujeres más jóvenes que hoy comienzan a liderar estrategias de sustentabilidad en empaques y quieren abrirse camino en un sector que todavía exige muchísima valentía, como tú mencionabas, muchísima empatía, innovación y resiliencia?

Adriana Wolff: Mira, yo miro para atrás y hay tres cosas que me parecen que no deben faltar. La primera: sean curiosas, muy curiosas. Siempre pregunten por qué. No dejen pasar por encima los detalles, porque la técnica y el conocimiento son nuestras mejores aliadas. Es muy importante saber el porqué. La segunda es: no teman incomodar. Si algo no les parece, digan: "No me parece", "No estoy de acuerdo", "Hay otras formas de hacerlo". Díganlo. Lo máximo que puede pasar es que no pase nada. Pero lo que sí puede pasar es que hagamos un cambio. Yo lo he visto en varios escenarios donde dijimos: "No estamos de acuerdo", y encontramos soluciones diferentes. Y lo otro: hagan una red de contactos, pertenezcan a grupos y cuiden su energía. ¿Por qué? Porque botar la toalla es muy fácil. Yo recuerdo con mucho cariño a una colega y exsocia a la que quiero mucho, que algún día le expliqué qué era este tema de la sostenibilidad y qué había que hacer para cambiar las cosas. Ella llegó a mí con una imagen de una hormiguita cargando el mundo y me dijo: "Mira cómo le estamos presentando las cosas a la gente. Es tan dramático que la gente ni siquiera se quiere animar a hacerlo, porque es como si cargaran el mundo sobre sus hombros". Y así es un poco. Uno siente que carga el mundo sobre sus hombros, pero cuiden esa energía, porque la única forma de mantenerla es rodeándose de gente que crea en lo mismo y que siga batallando para que las cosas se hagan de una manera diferente. Sean valientes, sean empáticas, sean visionarias y convénzanse de lo que están haciendo. Les dejo una reflexión: yo volví mi casa cero residuos, cero residuos. Y mis amigas, cuando vienen, dicen: "¿Cómo haces tú con esto? ¿Dónde pongo esto? Porque yo sé que me tengo que llevar todo lo que traigo, porque tu casa no aguanta basura". Esos son legados que uno deja. Esos son cambios de mentalidad que uno comparte con las personas por la convicción de algo en lo que uno cree firmemente. Y yo sí creo que el mundo necesita un planeta que circule y no que acumule basura.

Lilián Robayo: Pues realmente es un privilegio contar con una experta como tú, que nos ilustra de una manera tan precisa, tan clara. Realmente es un privilegio que hayas podido compartir esa experiencia tan valiosa. Pero no quiero dejarte ir, Adriana, sin preguntarte cómo visualizas el futuro del empaque circular en nuestra región. Si nos asomamos al futuro y pudieras imaginar ese estado ideal del empaque en Latinoamérica en unos 10 o 15 años, ¿cómo lo describirías? ¿Y qué pasos clave debemos empezar a dar hoy para alcanzarlo?

Adriana Wolff: Bueno, en 10 o 15 años, ¿cómo me imagino yo esta América Latina que quiero tanto? Me imagino legislaciones robustas en responsabilidad extendida al productor, uniformes desde Argentina hasta México. No podría dejar ningún país por fuera, porque la competitividad, en últimas, de un país va a depender de una uniformidad en ese mundo legislativo. Obviamente, los recicladores integrados a esta cadena, fortaleciéndose, creciendo de la mano de toda esta oportunidad que se nos viene por delante. Las empresas con portafolios de materiales de empaque simplificados, equipos de mercadeo notablemente más maduros en el tema de materiales de empaque, entendiendo que los tamaños también son importantes. No necesitamos tener una botella más alta solo para que el consumidor perciba que hay más producto. Usemos los materiales que se necesitan, porque eso además ahorra energía e impactos en la cadena logística. Ojalá tengamos el contenido reciclado más alto de todas las regiones. Y no veo por qué no. Si lo tenemos en papel y en cartón, pues lo podemos hacer en todos los demás materiales de empaque. Y modelos de refill, de relleno o de reutilización. Yo creo que América Latina es la región donde estos modelos se van a implementar más fácilmente. Tenemos esa historia y tenemos la economía del centavo, que nos hace ser mucho más creativos que otras regiones. La veo muy fortalecida. La veo como una región donde la circularidad no sea un piloto, como en muchas otras regiones, sino un sistema, un sistema productivo, un sistema económico que fortalezca nuestra región. ¿Qué necesitamos? Hay que alinear estas regulaciones, invertir en infraestructura y tener datos confiables. Para mí, otro de los grandes retos es que no tenemos datos. No sabemos de dónde conseguirlos. Y necesitamos modelos que estén funcionando a escala. Ese sería mi toque de varita mágica para dentro de 10 o 15 años. Ojalá lo vea, y lo vea viva.

Lilián Robayo: Mil gracias, Adriana. Realmente nos llevamos una mirada muy profunda, muy honesta, sobre lo que realmente significa la circularidad en empaques con esta visión global que nos da Adriana Wolff. Imagínate la oportunidad de tener a Adriana Wolff hablando de sustentabilidad. Una visión global, pero con los pies firmemente plantados en la realidad de cada país. Adriana nos está recordando que la circularidad no ocurre por decreto. Se construye con datos, con mucha empatía, con gobernanza, con colaboración y, sin duda, con un factor fundamental, que es el liderazgo. Tu experiencia, Adriana, y todo este liderazgo demuestran cómo la sustentabilidad avanza cuando dejamos de diseñar desde el escritorio y empezamos a diseñar desde un sistema real. Gracias de nuevo por mostrarnos ese futuro posible y que se puede construir juntos. Gracias de nuevo, Adriana.

Adriana Wolff: Lilián, un placer. Me acuerdo de hace muchos años. Tú fuiste la primera que me entrevistó, hace un par de años atrás, y hoy me siento muy honrada de que nuevamente estemos conversando, no sobre lo que se debería hacer, sino sobre lo que fue y lo que va a ser el resto de nuestras vidas. Muchas gracias y espero que lo hayan disfrutado tanto como lo he disfrutado yo.

Nota: la transcripción de esta entrevista fue realizada con inteligencia artificial. Algunas expresiones pueden variar ligeramente respecto a la grabación original.

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