Lilián Robayo Páez, editora en jefe de Mundo EXPO PACK
Durante cuatro días de cubrimiento para Mundo EXPO PACK, me encontré una industria que está ampliando sus criterios para evaluar la innovación: la velocidad máxima comparte espacio con la facilidad de operación, los cambios de formato y la integración de la línea.
La automatización flexible fue lo que más me cautivó de esta edición. Vimos robots colaborativos en alimentación, inspección y paletizado, junto con robots móviles autónomos trasladando materiales y productos. Con más referencias y lotes pequeños, cobra interés una automatización capaz de adaptarse a distintas necesidades de producción.
Pero esa flexibilidad depende de la coordinación entre robots, máquinas, visión y controles. Por eso me pareció relevante el concepto de manufactura cognitiva con el que me encontré en uno de los estands. Una visión en la que los datos, la inteligencia artificial y las personas colaboran en sistemas conectados para mejorar decisiones y anticipar problemas.
Las aplicaciones de IA que vimos ayudan a entender ese paso. Hace dos años hablábamos mucho de su potencial; en esta edición vimos aplicaciones concretas en inspección y mantenimiento predictivo. Pero lo que más me llamó la atención fue ver a la IA aplicada al conocimiento técnico: documentar procedimientos y orientar la solución de problemas abre posibilidades para aprovechar la experiencia acumulada por operadores y técnicos. Son aplicaciones cuyo valor puede examinarse en términos de calidad y asistencia al personal de la planta y a tomadores de decisión.
La exigencia de resultados fue protagonista en las conversaciones que sucedían día tras día en el piso de exhibición de PACK EXPO en Chicago. Percibí algo que yo misma denominé optimismo pragmático: las empresas quieren innovar, pero necesitan justificar el retorno y gestionar los riesgos. Evaluar qué implica un cambio de formato o cómo responde un equipo a nuevos materiales forma parte de esa misma discusión.
La responsabilidad extendida del productor (REP) amplía esa evaluación al incorporar lo que sucede con el empaque después de su uso y las responsabilidades económicas y de gestión que le corresponden a cada empresa. Por eso me parecieron valiosas las discusiones de ‘Sustainability Central’ sobre ecodiseño, circularidad y regulación, porque vinculan las decisiones de materiales y maquinaria con las condiciones de recuperación de cada mercado. Mi recomendación es seguir de cerca estas conversaciones para evaluar alternativas y anticipar costos desde el diseño, antes de que la regulación obligue a reaccionar.
Y ese es precisamente el valor de PACK EXPO para nuestra audiencia en América Latina: nos permite ver lo que ya es posible en la industria, cuestionar lo que se hace hoy y empezar a construir lo que se necesita mañana. Contrastar ideas con tecnologías reales, conversar con quienes las desarrollan y descubrir soluciones que quizá no se habían considerado ayuda a evaluar cómo responder a los desafíos diarios que surgen en las operaciones de empaque y procesamiento.
Después de cuatro días en la edición más grande en la historia de PACK EXPO Internacional, regreso de Chicago con la convicción de que la innovación que merece seguirse es la que logra pasar de una demostración interesante a una solución consistente y esa es la perspectiva con la que seguiremos aportando contenido del más alto valor a nuestra audiencia de Mundo EXPO PACK.















